¿Por qué le molesta tanto nuestro amor a Ratzinger?

Diciembre 8, 2008 | Categoría: REFLEXIONES

Por BRUNO BIMBI | El homófobo Papa Joseph Ratzinger no pierde ni un segundo en hacer lobby contra las familias y las parejas formadas por personas homosexuales. Al recibir las credenciales del embajador Cafiero, el Papa Benedicto XVI ha aprovechado para manifestarse contra los derechos humanos de gays y lesbianas. En particular, contra el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Confieso que nunca he entendido esa obsesión que el Papa y otros de su iglesia tienen contra nosotros y nosotras. No entiendo por qué les molesta que reclamemos los mismos derechos que el resto de las personas: cosas tan simples como casarnos, compartir la obra social, heredar, tener los mismos beneficios previsionales, etc.

No entiendo por qué les indigna que podamos celebrar nuestras uniones en un Registro Civil e invitar a nuestras familias y amigos para que festejen con nosotros.

No es un problema con el Papa ni con su iglesia. Tampoco entendí nunca por qué Hitler odiaba a los judíos, o por qué algunos “blancos” se consideran superiores a los “negros”, si esa clasificación tiene algún sentido. No entiendo a los argentinos que creen que los bolivianos o paraguayos son menos gente que ellos, ni a los hombres que se consideran más importantes que las mujeres. No entiendo esas ideas.

Pero cuando lo imagino a usted luchando contra el amor de personas como yo, me pregunto qué caminos siguen sus pensamientos y sentimientos para creer que se trata de una causa justa.

No creo en Dios, pero entiendo el poder que tienen las palabras del líder de una religión seguida en el mundo por millones de personas. Por mi formación democrática, me molesta que un monarca extranjero presione al gobierno constitucional de mi país, pero me imagino otras causas para las que podría usar ese poder en forma justificada. Me lo imagino en Bagdad, caminando rodeado de fieles hacia una mezquita, filmado por todas las cadenas de noticias, exigiéndole a EE.UU. que retire sus tropas. Me lo imagino en Guantánamo diciendo que la tortura no es humana. Imagino a Pío XII visitando Auschwitz y reclamando el fin del genocidio. O a Juan Pablo II, cuando vino a la Argentina, visitando la ESMA para sacar a patadas a los capellanes que confortaban a los torturadores. Me lo imagino a Benedicto, ahora mismo, reclamando el fin del genocidio económico que en nombre del capitalismo condena a millones a la miseria. Me lo imagino subiendo las escaleras de una favela, en Río de Janeiro, desde donde escribo, y reclamando eN nombre de su Dios contra la injusticia.

¿No sería más útil para la humanidad?

Sólo lo veo en su escritorio, escribiendo sus proclamas contra el matrimonio gay, y de verdad no lo entiendo. No entiendo por qué nos odia tanto.

Mientras escribo, me resuenan unas palabras, atribuidas a San Pablo, que Renato Russo mezcló con versos del poeta portugués Luís Vaz de Camões para componer una hermosa canción: “Aunque yo hablase la lengua de los hombres y la lengua de los ángeles, sin amor, yo nada sería / sólo el amor conoce lo que es verdad”.

Explíqueme, señor Ratzinger, ¿por qué le molesta tanto nuestro amor?

Escrito por Bruno Bimbi. Publicado en www.agmagazine.com.ar

Dejar un comentario

Para dejar un comentario es necesario que ingreses tu Nombre y un E-Mail válido, sin embargo, este último no será publicado.

Los comentarios son moderados, aparecerán una vez que el administrador del sitio los apruebe.